Capítulo Décimo séptimo

540 Palabras
***2004*** ~ Víctima y victimario VI ~ Finalmente logramos salir de aquél asqueroso lugar. Pero la imagen del cuadro seguía haciendo ecos en mi cabeza. ¿Entonces realmente es verdad lo de aquél culto aquí en la universidad? Y las desapariciones de estudiantes... ¿Tendrían realmente algo que ver en todo esto? Comencé a mirar a mi alrededor, al parecer el pasillo nos había conducido al otro extremo de la facultad, creo que estábamos en el edificio de Medicina y Ciencias biológicas y naturales. Lo más extraño de todo esto, es qué había un escritorio similar a aquél en donde estaba el cuadro, y también aquí había una chimenea, qué es por donde habíamos salido. Luego de una mayor observación, noté que los pilares de la misma, tenían tallados unos extraños símbolos El terror me comenzó a invadir nuevamente, me giré para abrazar a Reby, ella temblaba de susto. Ambos estábamos también muy agotados, pero poco a poco, la respiración empezaba a hacerse cada vez más lenta. La abracé, y la apreté fuerte contra mí. Nuestros corazones latían al compás. Luego le acaricié su hermoso rostro, creo que me estaba enamorado de ella. Pero no se lo podía decir, sólo llevábamos un mes, aunque debo confesar qué a mí siempre me gustó. Mientras la seguía acariciando, nos quedamos mirando fijamente, y nos comenzamos a besar apasionadamente. Me excité de inmediato, y ella apenas se dio cuenta, comenzó a restregarse en mí. La levanté y la puse sobre el escritorio. Este era tan grande, que ambos cambiamos completamente en él. Mientras nos besábamos, me saqué el m*****o, ella se acomodó. En ese instante, me subí al escritorio, y la monté. La penetré duro, fuerte, y profundo. Ella soltó un placentero gemido. Luego de quitarle la blusa, le comencé a chupar sus senos. Yo entraba y salía de ella. Reby, gemía, gozaba. Me abrazó con sus piernas, mientras yo le daba cómo máquina de coser. Entraba y salía una y otra vez, lamía sus tetas, luego mientras me comía su boca, mis manos hacían arte en sus senos. Ambos ardíamos de calentura, luego ella se salió, y me montó. Comenzó a menearse como desesperada, yo, cada vez que ella me daba un sentón, me las arreglaba para darle una clavada. Reby no paraba de menearse exquisitamente. Me senté para poder seguir devorándome sus senos. Ella comenzó a gemir desesperadamente, ambos nos estábamos viniendo, finalmente ella me dio un último sentón, y por su exquisito gemido, había logrado un liberador orgasmo. En el mismo instante, yo daba una clavada final, inyectando en su interior, todo mi deseo por ella. Aún no nos recuperábamos, cuando escuchamos ruido, por el pasadizo secreto, por el cual habíamos entrado. No lo habíamos notado, pero con la calentura, habíamos tirado todo lo que estaba sobre el escritorio. Y lo que es peor, creo que nos habían escuchado. Nos paramos inmediatamente y nos dirigimos hacia la puerta, sólo giré la manilla y esta cedió, abrí la puerta, y cuando íbamos a salir, sentí un extraño frío recorriendo mi espalda, me giré, y había tres encapuchados saliendo desde detrás de la chimenea. Reby apresuró el paso, se sobrepasó y cruzó la puerta, en ese preciso instante, todo se volvió oscuro.
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