*** Tres meses después ***
~ Un día en la vida de Beatriz ~
Habían pasado ya tres meses desde el funeral de Carla. Y aun no podíamos mitigar el dolor, ni mucho menos olvidar la amenaza.
Y aparte del dolor, rabia, irá contra quién había cometido el horrendo crimen, y precisamente de quién nada se sabía. Pues las investigaciones, no rendían frutos.
Pero algo extraño había. Y lo estaba comenzando a sospechar desde hace ya mucho tiempo.
... ¡Y es que era demasiado obvio! Sus miradas de complicidad, de lujuria.
En varias ocasiones vi cómo, por debajo de la mesa se rozaban las manos. En todas las reuniones con nuestros amigos, se les veía siempre a muy corta distancia uno del otro...
Y sin mencionar la junta de anoche.
Fue la que me dejó más claro todo, la que me abrió la mente.
Ambos estaban muy al pendiente de sus teléfonos, ambos sonreían con cada esporádico mensaje, luego se miraban una y otra vez, cómo buscando la aprobación del otro. Y antes de despedirnos, solo ellos dos se fueron al baño.
¡Pero claro, qué pendeja he sido todo este maldito tiempo! ¡ELLOS ERAN AMANTES!
Y a la vez debían ser los asesinos.
De seguro Carla los había descubierto y por eso la habían asesinado...
Pero a estos dos bastardos los iba a pillar "In fraganti". Ya encontraría la manera de hacerlo...
Estaba perdida en mis pensamientos, cuando de improviso suena una notificación en el teléfono, era un mensaje en w******p:
Andrés:
- !Hola, amor! ¿Cómo va tu mañana?
Te escribo para avisarte que hoy llegaré tardísimo a casa, y no podremos cenar juntos. Pero en compensación... ¿Te parece si vamos a comer algo?
Y quién sabe, su queda tiempo, podemos pasar por ahí... -
Lo leí desde afuera, no sabía si aceptar o no la invitación, luego de pensarlo por unos instantes, por fin me decidí, así que entré y le respondí de inmediato:
- !Está bien, pero pasas por mí! -
La sangre me hirvió, quería enfrentarlo ahí mismo, en medio de la maldita comida. Pero debía conservar la puta calma, o iba a darse cuenta de que algo tramaba, y por ende, se me haría más difícil atraparlos en el acto.
Y si los encontraba cogiendo, mejor aún.
Así estos hijos de puta, ya no podrían negarlo...
Y en cuanto a lo del crimen, ya haría confesar a este maldito par de...
Y me pasé la mañana buscando la manera de descubrirlos, y decirles todas las putas verdades que se merecían escuchar, en su maldita cara.
Tan absorta estaba en mí, en mis locos y a veces oscuros pensamientos. saturada en mis sentimientos de rabia, tristeza y culpa. Tan ida estaba, qué hasta había olvidado que hoy tenía compromisos, le había prometido a Claudia que saldría con ella y Leroy, su prometido.
Ambos querían que les ayudara con los preparativos para su matrimonio.
Qué despistada, lo vine a recordar cuando recibí un mensaje suyo en w******p:
Claudia:
- "Que no se te olvide lo de hoy, pendeja, eh". -
Al menos eso me había sacado no sólo una sonrisa, sino también que me alejaba por momentos, de mi asfixiante realidad.
En ese preciso instante, me llegaba un nuevo mensaje. Otra vez era Andrés. Avisando qué ya estaba afuera de mi oficina.
Cuando salí del ascensor, él ya me esperaba en el 'Hall Central'.
Les juro que quise enfrentarlo ahí mismo, pero gracias a mi autocontrol logré calmarme.
Me acerqué y prácticamente le lancé un frío beso en la mejilla.
Mientras íbamos en el carro, apenas respondía a sus interminables preguntas, relacionadas al trabajo, cosas de su trabajo, y otro sin fin de cosas que en este momento, no estaba dispuesta a escuchar, lamentablemente, aun quedaba poco más de una hora de esta insufrible plática.
Y lo peor es que él, en ningún momento preguntó cómo estoy yo. Ni mucho menos si me ocurría algo. Es más, ni siquiera notó mi extraño comportamiento, y eso que casi ni lo miré durante la comida, no le dirigía la palabra, sólo hablaba él, ya que yo tampoco era capaz de iniciar conversación alguna, así que sólo me limité a asentir, y darle una cínica sonrisita cada tanto...
Y él, él como si no nada pasara, ni cuenta se dio que de un momento a otro, había cambiado radicalmente mi conducta para con él. Pasé de ser de un momento a otro, de una mujer extremadamente cariñosa, lujuriosa y apasionada, a un mismísimo cubo de hielo.
Pero él era un hijo de mil putas. ¿Qué había visto en él? Sólo eso me preguntaba ¿Cómo había llegado a casarme con él? Sí me habían dicho muchas veces lo mujeriego que siempre había sido. ¡Y yo qué jamás les creí!
Muchas veces me lo dijo Adriana, y siendo mi mejor amiga, jamás le hice caso. ¿Y ahora? Ahora se andaba revolcando con la muy zorra de Ximena. ¡Pero todo esto me lo tenía merecido, por pendeja!
Luego de la comida, me fui nuevamente a mi trabajo, casi ni me despedí. Al menos no cómo antes. Cuando los encuentros y despedidas, solían ser más efusivas. Así cómo todas nuestras demostraciones de amor.
Pasó la tarde, terminé mi horario, y me fui a casa. Cuando estaba por llegar, recibí el mensaje de un número que no conocía.
Lo abrí y me encontré con una sorpresa que jamás esperé.
Sólo largué a llorar desconsoladamente. Ahí había escrita una dirección, la foto de una puerta, y las indicaciones de dónde se encontraba la llave. ¿A qué puta llave se refería?
Y acto seguido, envió una fotografía que me desgarraría una vez más el alma.
Si, era Andrés desnudo, y cabalgando sobre él, la muy perra de Ximena.
No sabía qué hacer, ahora me venía la duda ¿Debía ir para agarrarlos "in fraganti" y así enfrentarlos de una puta vez?
Tomé fuerzas de quién sabe donde, me puse de pié, y me dirigí al motel donde supuestamente estaban.
Llegué a la habitación, no se escuchaban gemidos ni ningún otro ruido adentro. Busqué la llave en donde decía el mensaje, la encontré, y rápidamente abrí tratando de o hacer ruido.
Para mi sorpresa, no había absolutamente nadie ahí dentro. La maldita habitación estaba vacía. A excepción de un televisor, una hoja de cuaderno pegada con cinta adhesiva en la pared. Esta decía:
- "ENCIÉNDELA Y VERÁS"
Y para cuando hayas visto lo suficiente, te mandaré un mensaje, con el número de la habitación en donde ellos se reúnen frecuentemente. -
Encendí la televisión y ahí estaban; Andrés amasaba sus enormes senos, la tenía a cuatro patas, mientras ella gemía como la puta perra en celos que es.
Pero de repente, caí en un pequeño y gran detalle a la vez. Detalle que lo cambiaría todo.
¡No era Ximena!
Ximena tenía una rosa roja tatuada en la espalda. Y la puta perra que estaba gimiendo con las embestidas del perro de Andrés, no tenía ningún maldito tatuaje.
¿Y ahora con quién carajos se andaba revolcando este pendejo?
Miraba con ira la pantalla, solo veía que la tenía en cuatro patas. Y era lógico, se estaba cogiendo a una verdadera perra.
Tan absorta estaba en la decepcionante visión, que jamás noté que había alguien tras de mí, sólo lo supe cuando se escuchó con una grave voz, un:
- "Y cómo no preferirla a ella ¿Ya le viste ese culote que se carga?". -
Cerré los ojos, y me giré aterrorizada, y al abrirlos, sólo vi a alguien que se abalanzaba sobre mí.
eso es lo último que supe...
***Al día siguiente***
La única noticia que abarcaba todos los medios, tanto en la TV, cómo en la prensa escrita:
"En un conocido motel de la ciudad, fue encontrado el cuerpo cercenado de una mujer, identificada cómo: Beatriz Albornoz"...