Entro furiosa. Azoto la enorme puerta del portón de entrada. Bufo y gruño, como niña pequeña quiero patear el suelo y romper cosas, en especial la maldita pero hermosa cabeza de James, podría hacer mejores cosas con su cabeza... como prenderla en llamas consumiendo su estúpido cerebro sobre-protectoramente irracional mientras me pide perdón. Arrgg. Tiene que aprender que no siempre voy a hacer lo que quiere, no soy su títere, no puede ir enojándose cada que haga algo que no le parece. Somos una pareja y no es mi dueño. Mi indignación crece y crece con cada segundo después de entrar por la puerta, que, de la nada, un retrato de James colgado sobre la chimenea en representación de su lugar en la manada como Alfa, como el amor y señor de la casa, es mágicamente rodeado por un alucinante fue

