Debía admitir que estaba un poco nervioso ante la situación, ya que había logrado confirmar el hecho de que el tatuado era quien lo ponían tan nervioso como para no poder controlar sus capacidades y eso era algo que no lo dejaba tranquilo, considerando que se encontrarían solos en el departamento del mayor, estudiando.
Sabía que no había sido la idea más inteligente el estudiar específicamente con él, sin embargo, él había comentado al aire que necesitaba ayuda en la materia y había sido Minho quien se había ofrecido a ayudarle y claramente no le diría que no, ya que eso haría que el pelinegro le pidiera una explicación.
No podía simplemente decirle “No te voy a aceptar, porque me pones nervioso y haces que mis poderes que, aún no sé controlar, comiencen a presentarse de forma involuntaria. Te agradezco la oferta, pero prefiero que no.”
No podía decirle eso, por lo que tuvo que aceptar.
Además de que él era el que tenía mejor conocimiento en la materia y el que podría ayudarle de mejor manera, ya que en definitiva quería salir bien en sus primeros parciales. Por lo que simplemente intentaría concentrarse en lo que era el objetivo de la reunión, los estudios.
No debía pensar en otra cosa, ni seguirle tanto los coqueteos involuntarios que el mayor lanzaba hacia él. No podía afirmar que era un coqueteo voluntario, porque ni siquiera sabía si a Minho le gustaban los hombres, además de que sus luces no mostraban un color tan diferente a los que lo adornaban cuando veía a otro de sus amigos.
Todo en una situación muy extraña para él, por lo que simplemente iba a intentar no ponerse nervioso y ya.
― ¿Tuviste algún problema para encontrar la biblioteca? ―preguntó el tatuado mientras colocaba la direccional, manteniendo su atención en lo que dijera el menor y la calle.
―La verdad es que me costó encontrarla, pero ya cuando lo hice todo fue más fácil―hizo una mueca al recordar lo sucedido con Sunnie, sabiendo que Minho era de confianza y podía comentarle perfectamente―Solo que tuve un pequeño encuentro desafortunado.
Eso hizo que el ceño del mayor se frunciera ligeramente y su luz de preocupación se dejara ver.
Eso hizo sonreír de lado al castaño.
― ¿Qué sucedió?
―Me encontré con Sunnie y chocamos, al principio pensé que fue un accidente, ya que estaba algo distraído y no la vi. Pero luego supe que ella se acercó para empujarme, pero ambos nos caímos―ante la mención de la chica, el tatuado rodó los ojos, apretando ligeramente la mandíbula.
― ¿Te lastimó? ―preguntó mientras desviaba la mirada del camino por unos segundos.
―No, bueno, el culo dolió un poco, pero nada grave―el mayor sonrió pequeño ante las palabras del contrario, pero no dijo nada―Un chico me ayudó a levantarme y después Sunnie empezó a gritarme y a llamarme idiota. Pero ahí fue donde el chico dijo que ella había sido la culpable del choque, por lo que dejé de pedirle disculpas.
Minho bufó.
― ¿Por qué no me sorprende? Ella tiene una actitud muy fea con las personas que no le agradan, siempre ha sido así, pero jamás pensamos que podría tomárselas a mal con alguien que no le hizo nada―se encogió de hombros ― ¿Dijo algo más?
―Intentó culparme por su rompimiento con Sook, pero le dejé en claro que su actitud asquerosa era la que había causado el rompimiento, no yo―rodó los ojos de tan solo recordarlo―Antes de irse me dijo que agradecía ya no estar en nuestro grupo de descerebrados y se fue.
Seung podía ver la molestia y decepción en las luces de Minho, un tono grisáceo apoderándose del él, mezclados con algunos verdosos, no siendo una combinación bonita.
―Es una hija de puta, siempre de hipócrita. Por eso es por lo que siempre se queda sola―apretó las manos sobre el volante, soltando un pequeño suspiro―Pero bueno, nosotros intentamos darle amistad sincera, allá ella si piensa que quedarse sola es mejor.
Seung no quería que esos colores tan feos se mantuvieran alrededor del tatuado, por lo que le comentó lo último sucedido.
―Creo que te hará feliz saber que, después de darme otro empujón para irse, se deslizó con un charco de lodo y se llenó toda su espalda y cabello―dijo con una sonrisa al recordarlo, claramente saltándose los detalles de cómo se había formado un charco de lodo en días sin lluvia.
―No suelo alegrarme por males ajenos, pero en esta ocasión me alegra mucho y ojalá haberlo visto.
Llegaron al departamento del mayor rápidamente, el menor abriendo la puerta trasera para poder sacar su mochila, al igual que la del mayor.
― Hey, pudimos ir por Tanie, para que no esté mucho tiempo solito―dijo Minho mientras entraban al ascensor, dándole al botón del piso correspondiente.
―Últimamente he intentado dejarlo solo un poco más de tiempo, porque no quiero que sea totalmente dependiente de mi presencia, pero claramente siempre voy a las horas para darle de comer correctamente y que no se sienta solo―el tatuado asintió, comprendiendo.
Las puertas se abrieron y comenzaron a caminar por el pasillo.
― ¿Cómo va con su medicación? ―el tatuado colocaba la clave de la puerta―Sabes que si necesitas ayuda en ese tema, podemos ayudar.
Seung agradeció cuando lo dejó pasar primero, quitándose los zapatos y colocándose los zapatos de goma que el mayor dejaba la entrada para algunos invitados.
―No deben preocuparse, va muy bien con sus medicamentos y mis padres me han dicho que me ayudaran a pagarlos, ya que se han encariñado con Tan― dijo en medio de una mentirilla blanca, porque sí, sus padres se habían encariñado con el cachorrito, pero ellos sabían que lo había curado, por lo que no necesitaban pagar ningún medicamento.
―Eso es bueno, igualmente, sabes que tienes nuestro apoyo.
Lo primero en lo que se concentraron fue en comer, ambos estaban hambrientos y a su vez, ambos tenía la necesidad de cocinarle al otro. Por lo que finalmente, tuvieron que repartirse las tareas, porque ninguno iba a quedarse sentado sin hacer nada.
El tatuado se encargó del ramen y el arroz, mientras el castaño se encargaba de la carne y el tocino, por lo que ambos estuvieron ocupados, en cierta forma. Minho se acercaba de vez en cuando para robarle trozos de carne a Seung, quién le daba manotazos o en su defecto, le hacía cosquillas en la panza para que se alejara del plato, ya que tenía que aguantar hasta que pudieran comer juntos.
― ¡Eres un ladrón! ―le dijo el menor mientras dejaba la cuchara de madera en la mesada, dando media vuelta para poder hacerle cosquillas al mayor, quien se retorcía sobre sí mismo.
― ¡E-Es que tengo m-mucha hambre! ―confesó el mayor en medio de carcajadas, retrocediendo hasta toparse con la pared, junto a la nevera.
― ¡Pero tienes que esperar!
Minho aprovechó que el castaño era más pequeño que él y lo tomó por la cintura, empujándolo al espacio de la pared que quedaba a su costado y así logrando acorralar al menor.
― ¡No! ―Seung chilló antes de que el pelinegro comenzara a hacerle cosquillas, comenzando a soltar carcajadas sin remedio, ya que las cosquillas eran un punto sumamente débil para él, ya que tenía por todos lados― ¡B-Basta!
― ¡Te dejaré si me dejas tomar un trozo de carne más! ―le dijo mientras acorralaba al menor, para que no pudiera escaparse.
― ¡B-Bien! ¡Te dejaré tomar uno más! ―chilló con la respiración agitada, viendo a los ojos del mayor, colocando ojos de cachorrito.
Minho soltó una risita y disminuyó las cosquillas, manteniendo el contacto visual con el menor, mientras detenía sus movimientos.
―Bien―susurró, haciendo que Seung se pusiera nervioso, ya que ambos mantenían el contacto visual mientras se encontraban así de cerca.
Jadeó, recordando que si seguían así, algo podría salirse de control y no quería que nada negativo sucediera. Se movió a la derecha, saliendo del agarre del mayor, quien se quedó unos segundos quieto.
―Eres un tonto, pero puedes tomar el trozo de carne―dijo con una sonrisa nerviosa, intentando que el ambiente no se sintiera tenso―Tienes un hoyo n***o en lugar de estómago.
El tatuado rio, dando media vuelta para ir a donde la carne que ya estaba lista, se encontraba, tomando un trozo.
―Este hoyo n***o necesita alimentarse.
Seung revisó que nada se hubiera visto alterado por su nerviosismo, respirando tranquilo cuando parecía que nada había cambiado.
Comieron tranquilamente, hablando sobre los proyectos que ambos tenían que complementar en la universidad y temas variados, como que el grupo Ateez iba a sacar un nuevo álbum y ellos estaban compartiendo sus teorías sobre el concepto del comeback.
Cuando terminaron, se encargaron de lavar los platos y pronto se acomodaron en la mesa del comedor, comenzando a estudiar.
Seung se sorprendió de lo bueno que era el mayor explicando, le colocaba ejercicios y le ayudaba en los momentos que lo requería. Igualmente, colocaron algunos ejercicios del material y Seung logró completarlos con la asesoría del mayor.
―Muy bien, aprendes rápido―admiró el mayor cuando vio al menor colocar la respuesta de un ejercicio, haciendo que el mencionado sonriera.
―Aprendo más fácil cuando alguien me explica―confesó mientras revisaba, notado que todo estaba en orden―Así que te agradezco el que me estés ayudando.
Minho sonrió suave y vio el perfil del castaño, admirando en silencio sus facciones, las cuales eran marcadas, pero delicadas a la vez. No entendía cómo el menor no se había postulado para algún trabajo de modelaje, porque realmente tenía la belleza que se podría requerir.
―Creo que están bien ¿Puedes revisar? ―preguntó el menor, despegando la mirada de sus papeles para posarla sobre el mayor, quien lo veía con ojos brillantes, haciendo que se pusiera ligeramente nervioso.
Los ojos del tatuado eran redondos cuando veía algo con atención, estos mismos brillaban hermosamente, por lo que ese toque adorable e inocente brillaba en el chico.
Minho despegó la vista del menor, revisando los ejercicios.
Joder, cálmate.
Se regañó mentalmente.
―Muy bien, me sorprendes. Has entendido el tema más rápido que yo―rio, comenzando a tomar las páginas para acomodarlas―Ahora, ya es algo tarde, así que te llevaré a tu departamento.
Seung asintió y se levantó, para poder ordenar sus cosas.
―Muchas cosas por ayudarme, hyung.
―No tienes que agradecer nada, estoy para ayudar.
Cuando Seung iba a colocarse su mochila, notó que, junto a las macetas de Minho, había un pequeño hongo rojo en el suelo, haciendo que jadeara, yendo rápidamente a quitarlo.
Era la primera vez que creaba un hongo, ni siquiera sabía que podía hacerlo.
―Muy bien, vamos―le dijo el tatuado mientras tomaba las llaves de su auto, esperándolo en la puerta.
Agradecía que nada había salido de control.