El turno del señor Lee había finalizado, por lo que podía salir del edificio sin mayores complicaciones. Seung le envió la dirección y metió su celular en su bolsillo, para no tener una mano ocupada por nada.
―Tanie, por favor sígueme, porque no puedo cargarte―le dijo al cachorro cuando ya tenía sus cosas listas, sentándose en la cama un momento, para poder salir cuando el mayor estuviera cerca―Siento que estoy siendo infantil, pero no me siento cómodo y sabes lo que pasa cuando no me siento bien―rodó los ojos―Además, ya pagué la estadía, por lo que me toca joderme si llego a arrepentirme.
Esperó cinco minutos, en donde el señor Lee le contesto que ya estaba muy cerca, por lo que se levantó y se acomodó con las muletas, para poder salir.
―Vamos.
Ambos caminaron hasta la puerta y la abrió, caminando hasta la puerta para poder salir. Su plan era irse y no decir nada, pero sabía que su plan podía irse a la mierda fácilmente, en especial porque su velocidad en esos momentos era un asco.
Los chicos nuevamente lo vieron, todos levantándose al ver que llevaba sus maletas.
―Seung ¿Adónde vas? ―le peguntó Minho mientras pasaba a sus amigos, quedando delante del menor, para evitar su salida―No puedes irte así.
Los ojos del menor seguían hinchados por el llanto, pero pensó que aquel detalle era irrelevante para los demás.
―Iré a un hotel, no quiero quedarme―dijo mientras intentaba pasar al lado del mayor, pero fue evitado nuevamente―Hyung…
―Oye Seung, por favor detente―intervino Daehyun, igualmente colocándose frente a él―Sabemos que estás algo confundido y queremos ayudarte, no podemos dejarte ir cuando tienes un esguince y acabas de comentarnos algo así.
El castaño frunció el ceño, no comprendiendo.
―Sabemos que puedes estar pasando por un momento difícil y que algunas cosas pueden ser raras para ti, pero hemos estado hablando y queremos ayudar―intervino Hyun, acercándose.
De pronto se había formado un círculo a su alrededor, haciéndolo sentir muy incómodo.
―Hemos investigado y encontramos una clínica en donde pueden ayudar, no queremos que te molestes con nosotros, solo queremos entender―dijo Sook, haciendo que el castaño se confundiera aún más.
― ¿De qué están hablando? ¿Ayuda de qué?―preguntó molesto.
―Ayuda psicológica.
Las palabras de Daehyun hicieron que el castaño borrara la pequeña sonrisa confundida que había mantenido segundos antes, comprendiendo.
― ¿Creen que tengo algún problema mental? ―preguntó en un susurro, no sintiéndose como tal ofendido, pero no se sentía bien.
―Investigamos que este tipo de pensamientos son un signo de algún trastorno, por lo que pensamos que sería buena idea ayudarte―dijo Sook, intentando calmar al menor―No queremos ofenderte.
Seung apretó los labios y bajó la mirada, sintiéndose pesado. No sabía qué decir, ni se sentía capaz de demostrar sus capacidades, porque al estar tan inestable en ese momento, podía hacer algo que no quería.
―Gracias, pero no gracias. No tengo un problema mental, todo lo que les dije es verdad y se los conté porque tenía la esperanza de que me creyeran―se encogió de hombros―Por favor, déjenme salir, me están esperando abajo.
Los chicos se vieron entre ellos, dudando.
― ¿Qué? ¿Quieren que lo demuestre? ―preguntó el menor con molestia, levantando la vista, en donde todos le veían con confusión, como cuando les contó todo lo que había pasado.
No tenía control sobre ellos, no debería usarlos.
―Seungie, en serio, podemos…
Interrumpiendo completamente a Daehyun, Seung vio atentamente a Minho y al propio rubio, quienes estaban impidiendo el que pudiera salir. Los miró atentamente y ambos comenzaron a moverse en contra de su voluntad, haciendo que estos mismos se exaltaran y los otros dos chicos lo vieran asustados.
El tatuado y el rubio fueron apartados con cuidado y la puerta fue abierta, sin que nadie tocara nada.
―Lo lamento, entiendo que no quieran hablarme más, sé que esto es demasiado para ustedes―dijo el menor en un susurro lastimero, viendo el rostro aterrado de los presentes―No quería que las cosas fueran así.
Apretó sus manos en las muletas y comenzó a salir del departamento, el cachorro siguiéndolo de cerca, para poder entrar al elevador. Cuando las puertas metálicas se cerraron, el menor comenzó a llorar un poco más fuerte, sintiéndose mal por el rostro de miedo que sus amigos habían mostrado, sabiendo que eso era lo que provocaba, miedo.
Entendía que no quisieran hablarle más, él no sabría cómo reaccionaría si todo fuera diferente.
Cuando llegó a la recepción, el chico que se mantenía a la ayuda lo vio con preocupación, al igual que la recepcionista. Pero no preguntaron nada, porque el menor no los vio a la cara en ningún momento. El chico le abrió la puerta y Seung pudo ver al señor Lee fuera del lugar, quien se bajó rápidamente del auto, para ayudarle.
―Oh, jovencito. No llore―dijo el mayor con voz triste, tomando las cosas del menor, para colocarlas en el asiento trasero―Venga, lo ayudo a subir.
Lo ayudó a subir al asiento del copiloto y le colocó al cachorro en su regazo, para que se sintiera un poco más confortado.
El señor se subió a su auto y comenzó a conducir, manteniéndose preocupado, pero no queriendo preguntar.
― ¿Le hicieron daño? ―preguntó con cautela, no queriendo pensar que el chico tatuado le había hecho algo incorrecto.
―Es una tontería, de verdad. No se preocupe―dijo el menor con el rostro arrugado, acariciando el pelaje de su cachorro.
―No es una tontería si lo hace llorar así―le dijo, haciendo que el menor asintiera―No es necesario que me cuente, pero si se ve en una situación peligrosa, puede decirme en total confianza, no debe temer.
Mi vida es una constante situación peligrosa.
Pensó.
―Muchas gracias y en verdad lamento el haberlo molestado en su tiempo libre―se disculpó mientras se limpiaba las lágrimas de sus ojos, suspirando.
―Ya le dije que no debe disculparse, desde su llegada han pasado cosas buenas en mi vida, aunque suene raro o tonto―dijo el señor, refiriéndose a la curación de su enfermedad, cosa que Seung supo―Además usted es amable, por lo que yo ayudo.
Después de esa pequeña conversación, el viaje fue silencioso. Llegaron en poco tiempo al pequeño hotel que el mayor le había mencionado, viéndose bastante acogedor, como en las fotografías. El hombre se estacionó y ayudó al menor con sus cosas, ambos entrando al lugar.
Seung habló con el recepcionista y le dijo la información necesaria, en algunos minutos, el chico le dio la llave del lugar. Debía admitir que le había dado vergüenza hablar con él mientras tenía los ojos llorosos y su rostro rojo, pero no podía hacer mucho para evitarlo.
Por suerte, el ascensor del lugar funcionaba bien y pronto estuvieron en la habitación.
―Aquí, cachorrito―el señor Lee bajó a Tan, quien comenzó a explorar la habitación―Jovencito, yo le avisaré cuando su departamento esté listo, actualmente están reparando daños, por lo que no creo que tarden demasiado―dijo el hombre, mientras colocaba las maletas en el sofá―Lo dejo descansar y tenga mucho cuidado, no camine demasiado, aunque sea con su pierna sana.
Seung lo vio con aprecio, una sonrisa adornando su rostro.
―Muchas gracias, hyung. Aprecio lo que ha hecho por mí―el hombre negó, comenzando a salir de la habitación.
―Si necesita que venga por usted cuando su departamento esté listo, puede decirme―dijo el mayor, dando una reverencia―Descanse.
Seung cerró la puerta con seguro y respiró hondo, sintiéndose más tranquilo.
Sabía que al estar en el departamento del tatuado no tendría la libertar que podía tener en ese lugar, porque se sentiría incómodo hasta para ir a comer y eso era algo que no le gustaba. También debía considerar lo que Minho sentía y él se notaba sumamente aturdido ante lo que hizo antes de irse e incluso cuando simplemente contó todo, por lo que claramente no querría tenerlo en su casa.
Apreciaba que los chicos quisieran ayudarle, pero él no tenía ningún problema, todo era real y él lo hubiera demostrado de mejor manera si ellos no lo hubieran tomado como un chiste.
Caminó hasta la zona en la que se encontraba la cama, pasando por la pequeña cocina y la sala.
―Lamento el hacerte esto, Tanie―se disculpó el menor, dejando las maletas en la alfombra y acomodándose sobre la cama, sintiéndose cansado―Sé que esto es molesto para ti, lo lamento.
El cachorro intentó subir a la cama, pero era demasiado alta, por lo que Seung lo ayudó a subir. El castaño comenzó a acariciarlo, tomando su celular con la otra mano, notando que tenía varias llamadas perdidas de los chicos e incluso mensajes. Pero en ese momento no quería leer nada, solo quería dormir.
Dejó su celular a un lado y encendió el televisor que tenía al frente, colocando un programa cualquiera que le llamara la atención y se acomodó para dormir, importándole poco que fuera temprano y que no había comido nada. Tanie estaba alimentado y eso le importaba más, en esos momentos.
―Descansamos, cuando despertemos vamos a enfrentar esta realidad―habló bajito, cerrando los ojos para poder dormir con el suave sonido de la televisión de fondo, siendo este la única fuente de luz en la habitación, haciéndolo dormir.
No quería ponerse a pensar en esos momentos qué es lo que tendría que hacer o decir, sabía que, muy probablemente, los chicos no se le acercarían nuevamente como amistad, porque estaban aterrados de lo que él era en realidad. Pero también sabía que los chicos tenían un corazón enorme y que no lo dejarían de lado así como así, pero eso no significaba que querían tenerlo cerca o que se sentían igual de cómodos con él como antes.
Era comprensible, había hecho las cosas mal.
En su idea fantasiosa todo saldría bien a la hora de decirles a los chicos la verdad sin haber tenido alguna experiencia que lo obligara de decirlo, cuando no se sentía preparado. Pero nuevamente la vida le recordaba que no todo era como él quería y que siempre terminaría siendo golpeado por alguna realidad, por lo que debía aceptarla sin rechistar.
Se odió un momento, porque la amistad que había formado lo hacía sentir tan bien.
Incluso esas emociones desconocidas que tenía cuando estaba con el tatuado, ahora solamente sería incomodidad y temor a ser juzgado. Intentó verle el lado positivo, así no corría el riesgo de dañar a nadie.
En esa ocasión el lastimado había sido él y el asustado su pobre Tanie ¿Y después? ¿Quién sería el herido?
No lo sabía y no quería saberlo, por lo que tomó aquello como una señal de la vida a que debía alejarse de ellos.
Se dio un pequeño golpe en la cabeza, porque aunque se concentrara en dejar todo de lado e intentar dormir un rato, su mente no se lo permitía.