30 de septiembre. RHYS. Río. —Entonces, ¿Te vas a casar? —vuelvo a preguntar por quinta vez, sigo sin procesar tal información. — ¿Quién es el ciego que quiere casarse contigo? Bufó, golpeó mi brazo. —Sin ofender, Sasha —digo entre risas. —. Primero, eres una pésima cocinera, es más no sabes ni cocinar—enumero con mis dedos. —. Segundo… —Soy buena horneando. —me interrumpe. —Ni que el hombre fuera a comer todos los días pasteles porque eres una mala cocinera. Hace una mueca de disgusto, sonrió. — ¿En qué me quedé? —finjo pensar. —Ya recuerdo. —Ya para. —exige. —Déjame continuar —digo, mira en otra dirección. —. Segundo, eres muy desordenada. Tercero, no tienes tiempo para ti, creo que ni te bañas. Cuarto, cantas por las mañanas y es espantoso. Quinto y el más importante, eres te

