El estruendo de un día lluvioso y el correr de los pasos en la habitación provocó que Zyrian abriera los ojos más temprano de lo normal. Lo primero que notó fue el aroma almizclado de la colina de Marlon. Zyrian sobó sus párpados con las manos y luego amplio su vista. La lluvia a cántaros caía sobre el pasto verde de la mansión y la primera hora del día tan nublado y opaca. —¿Qué haces despierto temprano por la mañana? Marlon, que estaba acomodando su corbata, miró a Zyrian quien tenía el torso descubierto por las sábanas. Marlon lamió sus labios consiente que bajo aquella sabana no había nada más que desnudes. El aire de la habitación era pesado debido al constante flujo de feromonas y al que ahora su colonia se unió. —¿No soy el único que se levanta temprano? —echó un vistazo a

