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2377 Palabras
Y había llegado el gran día para que Bruna hiciera realidad su sueño. Había pasado la semana emocionada con los preparativos, muy entregada a cada detalle y también inmensamente feliz por todo lo que estaba pasando. Sin darse cuenta, estaba sonriendo sobre la cama cuando despertó. Fue a darse una ducha fría. Ya hacía calor temprano en el día. Llega el verano con temperaturas abrasadoras. Mientras el agua corría por su cuerpo, pensó en Adrian. No había llamado la noche anterior, como hacía siempre. Ella se rió de sí misma ante su insistencia diaria en tratar de convencerla de que le hiciera el amor. Y había llegado su gran día, así como la noche que él había estado esperando. Bruna no estaba nerviosa por lo que sucedería en su noche de bodas. Había estado preparado durante mucho tiempo para todo lo que estaba sucediendo. Y ansiaba estar en los brazos de su esposo. Había pensado que era un poco extraño que él no hubiera llamado la noche anterior a la boda, pero supuso que él también quería un poco de soledad en su último día de soltero. ¿Había tenido una despedida de soltero con amigos? No habían hablado de eso... ¿Le había ocultado este hecho? ¿O simplemente no lo había dicho porque lo había olvidado? O tal vez ni siquiera se había despedido de sus amigos, simplemente no llamó para nada. Bruna se secó rápidamente y se sentó en su cama envuelta en la toalla, marcando el número de la casa de Adrian. Su madre, Juju, quien respondió: - Bruna, querida, es bueno escuchar tu voz. ¿Listo para el gran día? - Por supuesto, Juju, nací preparado para este día. – dijo riendo. – ¿Y Adrián? ¿Como está él? - Bueno, en realidad no lo he visto desde ayer. Creo que tuvo una fiesta de despedida con sus amigos. Sé que estás celoso, pero esta vez necesitas perdonarlo... - Claro que la perdono, doña Juju. Amo a Adrián. Supuse que había salido con sus amigos ayer. - Yo también sé cuánto te ama, querida. Y sé que te verás hermosa esta noche para el gran día de tu boda. - Haré todo lo posible para no defraudarla, doña Juju. - ¡Eres tan bella! Imagino que serás como una princesa. Adrian se casará con la chica más hermosa de la ciudad... Espero que siempre lo recuerde . - Adrián que es el hombre más hermoso del mundo, Doña Juju. Y soy una mujer afortunada de que él sea mi futuro esposo. - ¡Así que no lo dejes esperar demasiado en el altar, eh! - No puedo prometer eso , Doña Juju. Tengo la intención de llegar un poco tarde. – dijo riendo. - Mi hijo está muy nervioso. Espero que no se desmaye en el altar. - Juju hizo una pausa y dijo con voz ahogada por la emoción: - Dondequiera que estén tus padres, seguro que te están apoyando para que seas muy feliz. - De eso estoy segura, Doña Juju. - Bruna, te voy a hacer un pedido... - Claro, doña Juju, puede preguntarme cualquier cosa. - Cuida bien de mi hijo... No dejes que le pase nada malo. Tus hijos nacerán con un padre... No lo hiciste. Quiero que ustedes dos puedan lograr esto... Una familia... Viva y presente. - Doña Juju, siempre he estado haciendo todo lo posible para hacer muy feliz a Adrián. Eso es todo lo que quiero: ser feliz con él. Y no te preocupes, entiendo perfectamente lo que quieres decir con familia presente. Mi madre y mi hermana siempre han estado muy presentes en mi vida... Siempre fueron perfectas... Pero como se extrañaba a mi padre. - Deseo desde el fondo de mi corazón que seas muy feliz. Sé que son jóvenes, pero si están seguros de lo que quieren, seguro que serán felices. - Se lo agradezco desde el fondo de mi corazón, Doña Juju. Bruna colgó el teléfono con lágrimas en los ojos y volvió a la ducha. Se dio una larga ducha y trató de no pensar en nada más. No quería preocuparme ese día. Solo quería relajarme y disfrutar cada momento. Por la mañana llegó la tía Dani, la hermana de Ángela. Las dos eran hermanas por parte de padre y no se visitaban mucho, pero a menudo hablaban por teléfono. Bruna no tenía mucha conexión afectiva con su tía, pero sabía que Ángela estaba muy preocupada por su hermana. Entonces su presencia en la boda era importante para la madre de la novia. Dani siempre vivió con el padre y la madre de Angela, en este caso la madrastra de Angela, ya que ella era fruto de este nuevo matrimonio. Angela había manejado bien la muerte de su madre a una edad muy temprana. Luego perdió a su padre y su madrastra había muerto poco después. Ambas hermanas sobrellevaron bien la muerte de sus padres a una edad temprana, sin embargo, se separaron. El marido de Dani había muerto poco más de un año después de la muerte de Bruno. Él y Dani no tuvieron hijos. Bruna tenía pocos recuerdos de su tía. Sabía de su existencia, pero rara vez se veían... Ángela estaba muy agradecida de que Dani hubiera cuidado a Cassiane cuando tuvieron un accidente de coche y Bruna estuvo un tiempo hospitalizada en cuidados intensivos. Por eso Cassiane le tenía mucho cariño a su tía. Cuando Bruna bajaba, volvía a “encontrarse” con su tía que vivía lejos. No estaba muy ansiosa, por las muchas cosas que pasarían ese día, el hecho de ver a su tía era casi desapercibido y sin importancia. Pero si fuera en otra ocasión, Bruna estaría muy interesada en conocer mejor a la media hermana de su querida madre. Bruna se puso la bata y bajó las escaleras, todavía secándose su largo cabello. Ángela estaba sentada en el sofá, haciéndole compañía a su hermana recién llegada. Cuando Bruna vio a su tía, se dio cuenta de lo mucho que se parecía a su madre. Dani se levantó para saludar a su sobrina. Le dio dos besos en las mejillas y la abrazó cariñosamente: - Es un inmenso placer venir aquí y asistir a tu boda, Bruna. Eres... Una mujer... ¡ Vaya, cómo pasa el tiempo! Parece que fue ayer cuando te vi de bebé. - Me alegro de que hayas venido, tía Dani. - Te ves hermoso, Bruno. Angela tiene tanta suerte de tenerte a ti y a Cassiane. - Dijo mirando sonriendo amablemente a su hermana. - Bruna, cariño. - dijo Ángela. - Cassi se fue pero pronto regresa. Ella quiere ir contigo al salón de belleza. - Voy a subir a arreglarme, mamá. Pídale que suba las escaleras tan pronto como llegue. - Voy a pedir. - Tía... - dijo Bruna. "Lamento no haberte prestado suficiente atención, pero..." - No te disculpes, cariño. - dijo Dani. – De ninguna manera me importará. Bruno subió. Pensaba que la tía Dani era muy simpática y amable, como siempre decía Ángela. Pero lamentablemente no tuvo tiempo de hablar con su tía, pues necesitaba vestirse e incluso tomarse algunas fotos antes de que su madre insistiera en que lo hiciera. - Estoy entrando. - Dijo Cassiane entrando ya en la habitación. - Claro, Cassi, entra pronto. Cassiane llevaba una enorme caja blanca con un lazo dorado en los brazos. - ¿Que es eso? – preguntó Bruna con curiosidad. - No es un regalo de bodas... Es tu vestido de novia. Bruna se abanicó con la mano, fingiendo casi desmayarse: - Cielos, no puedo esperar para ponérmelo... Estoy tan emocionada. - Cálmate, niña . Está llegando la hora. Disfruta cada minuto de tu día soñado. - Ahora estoy empezando a ponerme nervioso. Bruno confesó. - Entonces déjame darte una buena noticia... Hablé con Cristiano sobre vivir aquí con mamá... - Y... - Y... Él aceptó. gritó Cassiane felizmente. Bruna abrazó a su feliz hermana: - Cassi, estoy tan feliz. - Pensó que era una buena idea. También piensa que es malo que mamá esté sola. Además, está más cerca de nuestro trabajo... Al final, también será mejor para nosotros. - Estaba seguro de que aceptaría. - No estaba seguro de que él pensara que era una buena idea... Pero al final todo salió bien. - ¿Cuando el venga? - Todavía no lo sabemos con certeza... Pero creo que la próxima semana. - Cassi, estoy tan emocionada y feliz. Solo pensar que Adrian y yo estaremos juntos para siempre... - Me alegro mucho por ti, hermana mía. Sé que siempre has soñado con esto. - De hecho, solo creeré que todo es verdad cuando estemos en el altar, frente al sacerdote, diciéndonos sí. - Ayer Cristiano buscaba a Adrián y no lo encontraba. Se preocupó y buscó a doña Juju, pero ella tampoco sabía dónde estaba. - Dijo Cassiane un poco preocupada. - Llamé a Doña Juju hoy. Ella dijo que salió con amigos para despedirse de su vida de soltero. - Me alegro de que sepas lo que pasó. Yo... estaba un poco preocupada y asustada de decírtelo y estarías nerviosa... o enfadada con él. - Ni siquiera sé cómo no me poseyeron. – se rió Bruno. “Pero hoy estoy tan feliz de no haberme preocupado por eso. Adrian es muy responsable y sabe lo que hace. Yo confío en él. - ¿De verdad estoy escuchando esto? - Bromeó Casiano. – ¿Quién eres tú que habitas el cuerpo de mi hermana? – se rieron los dos. - ¿No te molestaste cuando te enteraste de la despedida de soltero? - Confieso que no fui feliz... Pero ¿qué podía hacer? En el fondo, desearía que hubiera disfrutado de su última noche de soltero. - Bueno... Y aquí en esta bolsa está el vestido que mamá compró para las fotos. Cassiane sacó del elegante bolso un vestido n***o, casi transparente, escotado, corto por delante, ceñido y un poco más largo y suelto por detrás. Los tirantes eran extremadamente finos, del mismo color que el vestido y se anudaban detrás del cuello, dejando la espalda al descubierto. Bruna pensó que era diferente a todo lo que ella usaría, pero le gustó. Sabía y era perfecto en su cuerpo... Se sentía hecho a medida . Se sentía adulta y sexy como nunca antes. - Quedó hermoso. - dijo Casiano. - Mamá tenía un buen gusto extremo. – elogió Bruno. - Debe haber sido caro. – observó Casiano. - Mamá no debería haberlo gastado... No era necesario. No entiendo por qué insiste en estas fotos antes de la boda. - Creo que mamá sabe lo que hace. Te ves muy diferente con este vestido. Ni siquiera se parece a nuestra chica... Parece una mujer, madura, crecida y segura de lo que quiere. - Cassiane miró la imagen de su hermana reflejada en el espejo. - Ahora voy a arreglar tu cabello y estarás aún más hermosa e irresistible. Cuando Cassiane terminó, Bruna se miró en el espejo. Realmente no parecía la misma persona. Realmente ese vestido le había dado el aspecto de una mujer real, sexy, segura y decidida. De ninguna manera se parecía a la chica de 20 años loca por un matrimonio tradicional con su primer novio. Seguro que se lo pondría después de la boda, en su noche de bodas. Adrián estaría impresionado. Sería una noche maravillosa, como ella siempre había soñado, y él también. Le daría a Adrian una noche inolvidable. Los salones negros con destellos dieron el toque final. - Magnífico. - dijo Casiano. - Si te casaras con este vestido, sería la noche más hermosa del mundo. Dudo que tu vestido blanco supere eso. - No menosprecies mi hermoso vestido de novia, Cassi. – dijo Bruna en broma. Bruna pensó que estaba demasiado delgada. Tal vez los medicamentos no la dejarían subir de peso. Pronto se desharía de todos ellos, pues ya estaba bien y entonces tendría un cuerpo despampanante con curvas. La piel clara contrastaba con la tela oscura del vestido, haciéndolo aún más perfecto . También pensó que necesitaba un poco de sol en su piel. Yo también lo arreglaría cuando pudiera. El maquillaje que Cassiane había hecho, aunque bastante fuerte, había resultado bien. El rostro sonrosado ganó toques de brillo y la boca sonrosada ganó un lápiz labial rojo brillante. Su cabello, siempre suelto o recogido en una cola de caballo en la parte superior de la cabeza, ganó un moño suelto con mechones cayendo sin cuidado. - Es simplemente perfecto. Ahora bajemos a ver qué opinan mamá y tía Dani. Bruna empezó a ponerse las pulseras, pero Cassiane la tomó de las manos, la miró a los ojos y dijo: - No es necesario, querida... Está bien. Bruna se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Estaba tan acostumbrada a llenarse los brazos con tantas pulseras que no había pensado en ese momento que ninguna de ellas combinaría. Al mismo tiempo, no usarlos la volvía insegura . - Solo somos nosotros, Bruna. ¿No crees que ya es hora de que te hagas cargo de eso? Bruna sabía que Cassiane tenía razón. El vestido de novia tendría una manga con tela gruesa para disimular las marcas. Pero ya tenía 20 años... Ya no era una adolescente temerosa que no aguantaba las preguntas o las bromas sobre sus cicatrices. Ya era mujer y podía asumir sus cicatrices, marcas de su pasado. Y si quisiera, tampoco tendría que satisfacer a los curiosos, y eso también está bien. Junto con la boda y el sueño hecho realidad, tal vez era hora de dejar atrás el dolor del pasado. Ella tomó las pulseras y las tiró a la basura. Cuando regresó, vio el rostro preocupado de Cassiane. - Está bien, Casi... - No fue por eso... No quise que tiraras todo por la borda, Bruna. - Es hora, Cassi... estoy seguro. Puede ser un poco difícil al principio, ya que los uso a diario. Creo que voy a extrañar el peso en mi brazo más que explicar las cicatrices. – dijo ella sonriendo. – Basta de la adolescente llena de pulseras de colores. - Estoy muy orgullosa de ti, Bruna. Los dos se abrazaron cariñosamente.
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