Una creería que el día de su boda seria el día mas feliz de su vida, pero el mío no lo fue.
Fui una menda de cambio entre dos naciones el reino de Lowes el lugar que había considerado mi hogar y el reino de Kratos, la nación del emperador oscuro, famoso por ser insensible, sus castigos eran los peores conocido por todos por el miedo que genera solo su presencia.
Soy la hija ilegitima del rey de Lowes, así que fue fácil para el entregarme a esa persona, eso y que su nueva esposa me odiaba por alguna razón me sentía como una amenaza.
-La fecha se a escogido, se hará formal su compromiso en el próximo baile, después de eso te iras con el y te casaras allá-
Estaba parada en medio de su estudio el no aparto la vista de los edictos que leía para después firmarlos, sentí que esa habitación se había quedado sin oxigeno.
Al no escuchar respuesta aparto la vista un momento de sus documentos y soltó
-Eres mi hija, la mayor de todas y es tu deber para conmigo, para tu nación hacer este sacrificio-
Sacrificio, esa es la palabra clave, sabia en el fondo porque me a mandado a mi, porque seguro en menos de un año habré muerto en manos de ese emperador seguramente por alguno de sus arranques de ira.
Asentí, hice una reverencia y me fui a mis aposentos, no tenia escapatoria y eso era lo peor .
El tiempo se fue volando, el baile seria al día siguiente, mi padre el rey no escatimo en los arreglos para el baile y mucho en menos en mis vestiduras, un vestido hermoso n***o con rubíes que parecían pequeñas gotas de sangre, unas mangas largas que al moverme parecían alas, una tiara incrustada de rubíes y la cereza del pastel una gargantilla con un enorme rubí en el centro y perlas negras regalo de bodas de mi flamante prometido el malvado emperador.
El tan esperado día del baile llego, toda la corte sabia que nací fuera del matrimonio así que todos vendría solo por el morbo de la situación.
Pasaron toda la mañana arreglándome de tal manera para conseguir gustarle al emperador, el sabia como era yo, pero yo no contaba con la misma suerte.
El baile empezó y tuve que sonreír y saludar a todos los miembros de la corte y dar las gracias por su felicitación hipócrita, la música comenzó y algunos miembros comenzaron a bailar, el emperador al parecer no había llegado aun.
Mientras me perdía en la música la voz de joven me saco de mi viaje
-¿Bailamos?-
Lo mire y me quede procesando lo que estaba pasando, era un chico guapo, de piel pálida, ojos del gris mas oscuros que había visto un tono más oscuro y serian negros, el cabello un poco largo despeinado de n***o azabache y una voz acaramelada que te derretía al oírla
-Lo siento, no puedo estoy comprometida-
El chico me dedico una amplia sonrisa y se alejo
-Te ves muy bien aun sabiendo que te espera una vida miserable-
La nueva esposa de mi padre se me acerco
-No te preocupes Litia que después de esta noche ya no nos cruzaremos por el palacio-
-Agradezco cada noche desde el día que supe que irías-
-No deberías concentrarte en darle hijos a mi padre en lugar de rezar por que yo me vaya-
Me aleje antes de que pudiera decirme algo, pero ver su cara de enojo fue el mejor regalo que pude tener.
El baile iba como por la mitad y ese famoso emperador aun no había aparecido, vi a mi padre sentado en el trono y su cara era claramente de alguien que estaba molesto, pero no era culpa mía que el emperador aun no aparezca.
-Que hermosa gargantilla, con un peculiar color de esas perlas-
Es el chico que hace poco me pidió bailar con el
-Si, es un regalo de mi prometido, como le había comentado hace poco-
Volvió a dedicarme una amplia sonrisa
-Tiene buen gusto-
Tomo mi mano y beso el dorso de mi mano y se alejo.
Incluso yo ya me estaba poniendo nerviosa de que el emperador, el baile pronto acabaría y aun no se sabia nada de el.
De pronto se hizo el silencio, mi padre que había puesto de pie y Litia también
-Quiero darles una buena noticia antes de que acabe este baile, me gustaría compartirles que mi querida Cassiopea se casara con el emperador de Kratos dentro de poco-
La gente volteo a verme y camine hasta quedar frente a mi padre, mientras escuchaba los cuchicheos de la gente, la puerta principal del salón se abrió de golpe y entro el.
Alto, vestido de completamente de n***o, con su capa negra con plumas, su espada colgando a lado suyo
-Imposible-
Escuche el susurro de Litia
Era el sujeto con el que hable hace poco, pero su mirada ahora era distinta, ya no era juguetona, era fría, impasible, de hierro.
-Le pido disculpas por la tardanza-
Hizo una reverencia, pero no hacia mi padre, sino a mi, tomo mi mano y beso el dorso de la misma
-Esto es una broma de mal gusto ¿Dónde esta el emperador?-
El aparto la vista de mi y le dedico una mirada gélida a Litia
-Yo soy el emperador de Kratos, emperador Kiros de la nación de Kratos-
Hizo una reverencia burlona y Litia se veía claramente molesta
-Me da gusto que llegara, esta noche frente a todos, le entrego a mi única hija-
El me tendió su mano y la tome con cautela y me coloco a lado
-Con este compromiso queda hecha nuestra alianza y no se preocupe cuidare bien de ella-
-Bueno que el baile continúe-
La música sonó y el el levanto su mano, la música paro de golpe
-No se ofenda, pero partiremos ahora, es un camino muy largo hacia Kratos y me gustaría llegar cuanto antes con mi prometida-
Me tomo de la cintura y me acerco aun más hacia el, mire con susto a mi padre, pero el no hizo nada
-Entiendo, que tengan un buen camino y que lleguen con bien-
Mi cara se volvió inexpresiva, el emperador Kiros me guio salimos del gran salón escoltados por dos de sus guardias y nos dirigimos a su carruaje n***o, jalado por dos percherones negros
-¿Y mis cosas?-
-No las necesitas, en Kratos tendrás todo lo que necesites-
Asentí y me ayudo a subir al carruaje, subió detrás de mi y se sentó frente a mi, por la ventana vi como el lugar donde crecí se alejaba cada vez mas.
-Vaya si que fuiste un hueso duro de roer, no quisiste bailar ni una sola pieza conmigo-
-Lo siento mucho su majestad, no sabia como era usted-
Me tomo bruscamente de la mano y levante la vista de golpe, esa mirada fría de nuevo
-Cuando alguien te invite a bailar por cortesía aceptas-
Me puse pálida, no sabia que decir o que hacer, escapar no era una opción eso creo.
Con su pulgar roso mi mejilla, en su guante vi una pequeña gota, entonces caí en la cuenta de que era una lagrima mía, se hizo aun lado y por un momento pensé que desenvainaría su espada y me mataría, cerré los ojos y espere el momento.
La sensación de algo cubriéndome hizo que abriera los ojos, sobre una piel de oso me cubría y me le quede viendo
-Hace frio, es un camino largo, será mejor que duermas-
Pasamos el viaje en silencio, solo se escuchaba el galope de los caballos, después de gran trayecto me quede dormida, no profundamente, mi cuerpo sabia que ya no estaba en casa y además que estoy con el enemigo.