Nos sentamos en una de las mesas que están en la esquina, apenas estamos observando el panorama, siento la mirada acusadora de un señor bastante adulto... Con aspecto excesivamente tosco. Intento no prestarle atención y me distraigo con las señoritas ataviadas con trajes de finas perlas paseandose por todas las mesas. —¿Te gusta el lugar, Ava?—me pregunta Reynaldo de forma casual. —Sí. Es realmente bonito... Y muy lujoso.—le respondo distraída. —No te preocupes por eso, mis padres son socios, tranquila.—me dice con ligereza. —Uy, tú a parte de ser un guaperas, eres millonario. —le digo con sorna. —Puede que sí Ava. Te voy a dejar un momento acá ¿ok? No te muevas, sólo voy a realizarle un pedido especial para nuestras bebidas. —me informa. Asiento con un gesto de la cabeza y se l

