Chase Las lágrimas rodaban por mis mejillas sin poder detenerse ni un segundo. Apenas podía respirar gracias a los sollozos que se escapaban de mis labios. Me dolía todo. No iba a soportar tanto ahí. —Vas a darte por vencido en cualquier momento —canturreó con emoción, mientras me miraba desde el sofá. Ahora su cuerpo no era el de mi madre. Ahora usaba el de mi hermano menor. Sus ojos azul oscuro me recorrían con gusto, con malevolencia y con una chispa de felicidad. El demonio resultaba ser más insistente de lo que esperaba, y cada segundo que pasaba me daba más razones para rendirme, pero no lo iba a lograr. O eso era lo que tenía que intentar. Esto era como un juego y él era el experto. Yo, en cambio, era un simple novato intentado ganar. Hacía mucho tiempo no lloraba de esta mane

