Skyler Las embestidas de Chase eran fuertes y excitantes. Sentía dentro de mí un poco de dolor, pero no el suficiente como para pedirle que dejara de hacérmelo o que redujera la velocidad. Sus expresiones eran únicas, o tal vez no era exactamente esa la palabra, pero me gustaba mucho cómo su boca se entreabría. Mi piel se erizaba cada vez que lo veía así, y ni hablar de cuando gemía. Si otra cosa me gustaba de él a la hora de tener sexo era la manera en la que me tomaba de las muñecas. La presión en ellas no era ni fuerte ni suave, era media, y le daba la conjunción perfecta para perderme más en el momento. —¿Te gusta? —me preguntó con la voz cargada de deseo. —Sí —gimoteé, mirándolo a los ojos y recordando las palabras sucias que murmuró en mi oído al entrar en mí hace unos quince min

