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847 Palabras

Después de la boda soñada, con los pies aún cansados de tanto bailar y los labios doloridos de tanto sonreír, abordamos el jet privado con destino a Marruecos. Rodrigo no escatimó en nada, como siempre. Me dijo que quería sorprenderme, y vaya que lo hizo. Desde las alturas, mientras el avión cruzaba el océano, me sostuvo la mano con firmeza. —Valentina… ahora sí te tengo completa. Eres mi esposa. —me susurró al oído, besándome los nudillos. Yo apoyé la cabeza sobre su hombro, oliendo su perfume, acariciando su pecho con la yema de mis dedos, y pensé: No me falta nada. ⁂ Al aterrizar en Marrakech, el calor nos abrazó como una manta de terciopelo. Un chófer vestido con túnica blanca y turbante azul nos esperaba con un cartel que decía “Mr. & Mrs. Álvarez”. Subimos a una camioneta 4x4 col

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