—¿Ya llegó? —preguntó Carla, cerrando su portátil con firmeza. —Sí, señora. Está en la sala de espera desde hace unos quince minutos. Se llama Elías Navarro —respondió la secretaria con voz neutra, entregándole el expediente. Carla lo hojeó rápidamente. Curriculum impecable, egresado con honores, experiencia internacional, recomendaciones de peso… pero no confiaba. Nadie reemplaza a Rodrigo Álvarez así como así, aunque fuera temporal. —Hazlo pasar. El sonido de los tacones contra el mármol anunciaba su entrada. Elías Navarro caminó con seguridad, bien vestido, barba prolija y una mirada calculadora. Saludó con una leve inclinación de cabeza. —Buenos días —dijo con voz grave—. Un honor estar aquí. Espero poder aportar en esta transición tan delicada. —Bienvenido, señor Navarro. Tome a

