Rodrigo Álvarez Narrado en primera persona El cielo estaba despejado. La brisa golpeaba suave mientras Valentina reía, con sus gafas oscuras puestas y su cabello ondeando como bandera de libertad. Íbamos en el Mustang, el azul que ella me ayudó a comprar, con el motor rugiendo como si supiera que esa sería su última carrera. —¿A dónde vamos exactamente? —preguntó ella, girando su rostro hacia mí. —Donde quieras. Hoy no hay horarios, ni juntas, ni llamadas. —Eso suena… perfecto —dijo tomando mi mano sobre la palanca de cambios. Todo era perfecto. Hasta que no lo fue. --- La curva llegó rápido. Una Jeepeta negra venía en dirección contraria, zigzagueando como alma en pena, sin luces, sin control. —¡Rodrigo! —gritó Valentina. Intenté frenar. No hubo tiempo. ¡BOOOM! El impacto fue

