Keira. Acostarme por unos minutos causó que me pasara casi una tarde durmiendo, no pensé que mi cuerpo se sintiera tan agotado para tener un profundo sueño. Últimamente paso las noches en vela por tener tanto en que pensar, que apenas cierro los ojos por dos o cuatro horas; ahora tendré que entretenerme para no pasar aburrida la madrugada. Bajo las escaleras, sosteniendo el barandal, bostezando. Con la mano libre, coloco mi cabello para atrás, me incomoda. Escucho un desastre de fondo, niego con la cabeza al saber quienes son los causantes, para luego escuchar como son regañados. Hago mi entrada, primero me doy cuenta del desastre que hay en el suelo, levanto mi cabeza, empiezo a reír cuando Joaquín me da la bienvenida cubierto de harina. Los pequeños traviesos están en un rincón, Keira

