La lluvia caía con mucha fuerza, no se veía prácticamente nada por aquella solitaria carretera, la visión era nula, los nervios de Isabella estaban de punta, ella creía que estaban a punto de morir o que un accidente grave podría suceder. —Marco, esto fue una terrible idea. —No digas eso, no sabíamos que llovería de esta manera tan torrencial. —Lo sé, pero fui imprudente viajar así, con la bebé tan pequeña y sin tomar más precauciones. —No te adelantes a lo que no ha pasado, ya casi llegamos, pero si te calma podemos parar a un lado de la carretera mientras la lluvia pasa. —¿Es posible? —Si, es un poco riesgoso, pero dejaremos las luces estacionarias encendidas. De todas formas no veo casi. —Gracias. —Esto es misterioso. —¿Por qué? —Bueno tu y yo nunca hicimos nada como esto

