Lisbeth regaba las plantas del hermoso jardín que tenía frente a sus ojos, el día no estaba particularmente soleado, pero para ella todo brillaba, era como si hubiese caído en una especie de transe que la mantenía feliz y viendo cada cosa positiva de lo que le sucedía a su alrededor. Por fin había logrado salir de entre los brazos de Jareth y tal como habían anunciado la chica se empezó a hacer cargo de las fundaciones benéficas que su madre había fundado. No tenía intenciones de dejar aquel trabajo a un lado, todo lo contrario, tenía claro que quería hacer crecer aquello y llevarlo a un lugar donde tuviese suficiente reconocimiento, como para ayudar personas de todos los continentes. —Señorita Lisbeth, la buscan. —¿Quién? Aquel llamado era extraño, pues había dejado todo organiza

