—No se cómo interpretar aquello, Margareth —Emmett está realmente divertido con aquel comentario, tan salido de casillas de la que consideraba su amiga. —Ni yo, sólo sé que el vino está cumpliendo con su misión —las mejillas rojas de aquella joven pero madura mujer, eran una hermosura ante los ojos de su acompañante. —¿Y cual es esa misión? Los ojos de Margareth miraron fijamente a Emmett, luego los llevó a su copa y sonrió casi para ella sola, sintió como si amigo tomaba con delicadeza su rostro y la colocó en la incómoda posición de tener que mirarlo a los ojos. —¿Cuál es? —Sentirme feliz, por una vez desde hace mucho tiempo, sentirme feliz, Emmett. No era del todo falso, Margareth había entregado su vida a hacer lo correcto, pocas veces se salía de los renglones y le gusta que

