Jareth bebía demasiado Vodka en el bar del hotel, llevaba dos días en la misma rutina, con la excepción de que había salido de su habitación, no había llamado a nadie en Londres para saber del paradero de Lisbeth, tampoco estaba trabajando, su mente era un nudo muy apretado, no sabía como hacer para solucionar lo que él mismo había creado. Su conciencia le dictaba que debía buscar a Marco y decirle la verdad, debía ser un hombre y comportarse como tal, pero la cobardía y la envidia, el orgullo y los celos no son buenos consejeros. —Sirvame otro trago. —Lo siento señor, por política del hotel no puedo servirle más debido a su estado. —Claro, malditos idiotas. Se levantó como pudo y se arrastró a la salida, tomó un taxi y pidió que lo llevaran al club más exclusivo de la ciudad, tal

