—Niña… Tienes que desayunar, no demores —me detengo a escuchar la insistencia de los golpes en la puerta—, mejor abre la puerta, quiero saber qué es lo que estás haciendo. ¡Maldita sea, todo era una ilusión! ¡Tuve una fantasía con mi mafioso! Lo deseo, lo extraño. Cojo una toalla y corro a mi habitación para abrir la puerta. Mi abue entra desesperada, sus ojos buscan cualquier evidencia de lo mal que me he portado. Mis únicas palabras fueron que me estaba dando un baño, pero ahora que he salido no tardaré en vestirme, acompañarla a comer y de contarle que he pensado buscar trabajo de lo que sea, ya que el dinero que tenemos no nos durará para siempre. Mi abue sonríe y me dice que me esperará y que volverá a calentar la comida. Antes que ella salga me voy a sus brazos, necesito de ella

