De mala gana salgo de casa de Paola, no resisto tener al rizo detrás de mis huesos, ya que me lo ha advertido una que otra vez. En compañía de su desagradable presencia salimos de la casa. Los ojos del rizo siguen cada movimiento que doy mientras mis ojos se encargan de ver al frente, pero también a los lados, ya que una mujer precavida vale por dos. Antes de que él me pregunte le señalo mi casa, esa casa que pensaba vivir en paz y en armonía, pero lastimosamente la desgracia me sigue sin que la mencione. Él se suelta a reír, y yo pongo mis ojos en blanco. Maldito rizo. Llegando a la puerta de la casa, toco el timbre porque se me olvidó traer las llaves, además este vestido no trae bolsa. Ash, tengo ganas de llorar, se me hace un nudo en mi garganta, es algo inevitable. Mi abue no ta

