Ya, se me fueron las ganas de discutir y de hablar, ahora el que pondrá hora y momento seré yo. Siento que mi padre no es lo suficiente fiel como lo debería de ser. —Quédate con tu dolor, ¡la reunión ha terminado! —respondo con el mismo descaro—, piérdete, llora por tu muerto y mírame, ¡mírame, que luego no tendrás la dicha de verme! Por ahora tengo un poco de paciencia, siento estallar de rabia porque él se está quebrando por un puto traidor. ¡Soy su hijo! Soy la persona que daría su vida por salvar la suya, pero eso no lo ve y me demuestra que no tengo que seguir siendo un imbécil de mierda, tengo que luchar y querer lo que es mío. Él se encargó de sea un completo monstruo… Bueno, no lo defraudaré y así el día que muera, morirá en paz. —Eres un hijo de puta, ¿cómo te atreves a decirm

