Lunes siete y treinta de la mañana Era un día cálido donde los rayos del sol comenzaban a salir tímidamente por el este, el sonido de los pájaros se podía escuchar con claridad en el parque central de la ciudad donde un sencillo autobús permanecía parqueado bajo la sombra de un frondoso árbol. Uno a uno iban llegando personas que se reunían cerca del autocar y se organizaban en una pequeña fila mientras un hombre delgado pero muy animado los recibía y apuntaba en su cuaderno luego de dejarlos entrar Daniel se encontraba en el centro de la hilera y cada vez que se acercaba mas no podía evitar mirar a su alrededor con preocupación, la joven mujer que lo había invitado a participar de este evento no había llegado aun y el auto estaba a punto de partir. Cuando llego su turno suspiro con

