Sofía no lo está pasando nada de bien con su despido. Está deprimida y por mucho que Sebas y yo intentemos animarla, nada parece hacerla feliz. Es el cascaron vacío de la chica picara y divertida que suele ser. La entiendo, o al menos lo intento. Tener que dejar el trabajo que te gusta tiene que ser una mierda, porque a mi chica le encantaba lo que hacía. Se metía de lleno en su trabajo y se perdía por horas, paraba para atender a su hijo y luego volvía. Aun la puedo recordar tecleando sobre su computadora y tarareando una canción fuera de tono, moviendo la cabeza a otro ritmo y con una enorme sonrisa en los labios. Que te quiten eso es lo más injusto. Que pierdas todo solo porque un hijo de puta caliente decide arruinarlo. Es casi imposible no fijarse en Sofía, lo entiendo, es hermosa

