Elena Tonkin se pavoneo directo a la entrada principal, con su cabello opaco, aspecto desgarbado y pasos flojos. Era claro que estaba ebria, y el cómo había llegado hasta el lugar sola, era una incógnita que nunca lograrían descifrar. Sin esperar invitación alguna, atravesó las puertas del edificio, guiada por el instinto desesperado de conseguir drogas. —¡Donde mierda esta todo el mundo!—grito Elena en el centro del lugar iluminado por las luces intermitentes ya que habían cerrado los postigos de las ventanas para tener mayor privacidad. —Eres la primera en llegar—contestó Felipe acercándose a ella, acompañado del resto de los presentes—Mi nombre es… —Ya sé quién mierda eres, un Barrenechea. Eres el reflejo de tu madre—escupió ella cortando las palabras. Con asco observó a cada uno

