Ha decir verdad la cena ha estado excelente, pero en realidad me gustaría algo más informal y con un poco más de contacto, por lo que cuando le han traído la cuenta a Daniel me he asegurado de hacerle saber que esperaba con ansias la venida del plato fuerte, la noche es joven y aún no quiero volver a casa. –Yo conduzco –Afirmo tomando de las manos del mesero las llaves del auto de Daniel justo en el momento que lo ha estacionado frente a nosotros. –Ni lo sueñes Princesa–Niega cuando estoy a punto de abordar el coche tomándome de las caderas empujándome cerrando con mi trasero la puerta del coche para arrebatarme las llaves poniéndolas en alto para que no pueda alcanzarlas–Nadie, excepto yo maneja está bestia. –¿Por qué los hombres tienen que ser tan machistas con sus coches? –Interrogo

