Cinco años después El reino había cambiado mucho desde que Liam y yo ascendimos oficialmente como Rey y Reina. Lo habíamos hecho juntos, como debía ser. Nuestra unión no sólo fortaleció las alianzas entre clanes, sino que trajo una paz que hacía décadas no se respiraba en las tierras lobunas. Y en medio de todo eso, nuestra familia creció. Claire, nuestra hija mayor, ya tenía diez años. Se había convertido en una niña vivaz, fuerte e increíblemente curiosa. Su cabello castaño claro brillaba como el oro bajo el sol y sus ojos —idénticos a los de Liam— eran un recordatorio constante de aquel primer día en que supe que la vida me regalaría algo tan hermoso. Era valiente, a veces un poco imprudente, pero con un corazón inmenso. Aiden, por otro lado, tenía ya cuatro años. Nuestro pequeño tra
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