El vehículo para delante de la casa y se nos fastidia el momento. Andrew sale y me abre la puerta. —Que pases una buena noche, Megan —me dice. —Gracias, igualmente. Christian baja y se dirige al maletero. Saca unas diez bolsas y yo estoy que no quepo en mí de gozo. —Vaya, has estado entretenido —digo para aparentar indiferencia. —No tanto como tú cuando te pongas todo esto —masculla mientras sube los escalones—. Gracias, Andrew. Hasta mañana. —Buenas noches, señor Miles. —Vuelve al coche y arranca. Christian abre la puerta. Entramos y encendemos las luces. Miro el vestíbulo con una sonrisa. —Madre mía, Christian , esta casa es tan bonita que me deja sin habla. —Ya ves —coincide—. A mí también. He decidido que no voy a echarla abajo, sino a restaurarla. Este sitio tiene demasiada

