Mis manos temblaban mientras el lujoso coche n***o estaba a solo unos pasos frente a mí. El destino que me esperaba dentro de ese vehículo era incierto, pero lo único que tenía claro era que no deseaba subir a él. No podía hacerlo. No ahora. Me detuve en seco. El motor rugía suavemente, esperando que tomara una decisión, pero mi corazón latía con fuerza, negándose a seguir adelante. Mi pecho se comprimió al pensar en él. ¿Cómo podía irme? ¿Cómo podía dejarlo cuando lo amaba con cada fibra de mi ser? Era un amor oscuro, retorcido, pero real, tan real como el aire que llenaba mis pulmones y el terror que se enroscaba en mi estómago. —No puedo hacerlo —susurré, apenas audible, pero la determinación en mi voz creció con cada palabra—. No puedo irme porque lo amo. El silencio que siguió a m

