+ Después de mi conversación con Gavrel, mi mente estaba nublada por sus palabras y la confusión que me provocaban. No podía permitirme mostrar ninguna señal de debilidad, no aquí, en la gran mansión, donde cada movimiento era observado y cada palabra podría tener repercusiones inesperadas. Caminé con determinación por el pasillo, asegurándome de que mi rostro no delatara mis pensamientos. Fue entonces cuando vi a Carlos, de pie, junto a una de las ventanas que daba al patio. Su figura atlética y la manera relajada en la que se apoyaba contra el marco de la ventana me hicieron detenerme por un momento. No había esperado verlo aquí, pensé que estaba con Anya. Carlos tenía una habilidad especial para aparecer en los momentos más inoportunos, y hoy no era la excepción. —Emma —dijo con una

