* Otro día, esto sí, que será bueno. Desperté con la primera luz del alba filtrándose a través de las cortinas raídas de mi pequeña habitación. Me senté en la cama y respiré hondo, intentando despejar la mente de los restos de sueño y ansiedad. Hoy sería un buen día, me dije. Tenía que serlo. Estaba decidida a empezar de nuevo, a dejar atrás los miedos y la incertidumbre que habían marcado mi vida hasta ahora. Me levanté y me dirigí al baño, notando lo frío del suelo bajo mis pies descalzos. El espejo me devolvió una imagen de ojos cansados y cabello desordenado, pero también una chispa de determinación. Me metí en la ducha y dejé que el agua caliente relajara mis músculos tensos. Mientras me enjabonaba, pensé en el nuevo trabajo en la cafetería. Claro, los nervios estaban ahí, pero sab

