++++ La puerta de la habitación se abrió con un golpe seco, y mi padre entró, su expresión más dura que nunca. Sin decir una palabra, me agarró del brazo y me obligó a levantarme. Su fuerza era implacable, y su mirada no dejaba lugar a discusiones. Sentí el frío de su control invadiendo cada célula de mi cuerpo mientras me arrastraba hacia la puerta, hacia el abismo que me esperaba más allá. —Vamos —ordenó, su voz tan fría como el hielo. Intenté resistirme, tirando de mi brazo, pero fue en vano. Su agarre era férreo, y sus ojos, llenos de una determinación despiadada, me decían que no tenía elección. —No hagas alboroto —gruñó, su tono cargado de amenaza—. La persona que te espera en el salón es nada menos que tu futuro esposo. Esas palabras se clavaron en mi mente como un puñal, hacié

