**** Dejé la habitación de mi padre cerrando la puerta con cuidado, como si temiera que el más leve sonido pudiera romper la frágil calma que había logrado establecer. Su rostro estaba cansado, casi derrotado, y verlo así me desgarraba por dentro. Pero tenía que mantener la compostura. No podía permitirme mostrar debilidad, no ahora. No cuando mi padre dependía de mí para mantenerlo a salvo. Me apoyé contra la pared del pasillo por un momento, permitiéndome respirar profundamente antes de enfrentar lo que sabía que vendría. Sabía que ir a hablar con Viktor era como meterme en la boca del lobo, pero ya no tenía otra opción. Había pasado demasiado tiempo desde que nuestra relación había dejado de ser lo que alguna vez soñé y se había convertido en una pesadilla de la que no podía despertar

