Hoy no hay café Aquel señor salió del apartamento dejando en mí una gran inquietud. La tarea impuesta fue no ver a Jorge Luis. No quise para nada acatar esa orden, porque cuando el sentimiento se desborda, es muy difícil detener ese grito del alma. Me había enamorado, sus labios habían sellado un gran amor y quise vivirlo fuese como fuese. Nancy insistía en que dejara todo aquello, pero nadie podía apagar esa llama. Estaba viviendo algo único con él y lo primera que notaba de ese amor, era cómo levantaba mi ego de mujer, y lo decía observando aquellas fotos que me había tomado y que había publicado, creando todo un conflicto en mi vida. Mi cambio fue demasiado, mi cintura fina había desaparecido dando lugar a una gruesa y sin forma. Mis cabellos largos y ondulados que caían sobre

