CAPITULO 36 AMELIA Aparte del mal presentimiento, el hecho de que alguien de la organización, u los padres de Albert, me puedan encontrar aquí, y más aún en el atuendo que llevo puesto, hace que mi corazón lata rápido, invadida por los nervios. -todos saben que no pueden venir sin avisar!, como el celador, ha dejado pasar!?-recrimina el ministro, quejándose. Toma su móvil, abriendo la imagen de la cámara, que apunta a la entrada de la propiedad. ¡Maldición! Me llevo la mano al pecho, y creo que estoy más pálida de lo que soy. -es BRI...AN...- exclamo con voz temblorosa. El ministro me observa extrañado. -entra al baño, are que se vaya rápido!, si ha venido sin avisar a de ser algo de suma importancia. -

