Edward camina furioso hacia su oficina tarde esa mañana. Por culpa de Shirley se había atrasado tanto que, ante la desesperación de su demora, encendió el auto y se fue. Edward no esperaba a nadie y menos a alguien que no quería. Shirley se maquillaba y vestía sin prisa, pues estaba acostumbrada a llegar tarde a la oficina y parecía que a nadie le importaba. Cuando salió maldijo a Edward en voz alta por haberla dejado sola. Un repartidor en el pasillo tropezó con Edward dejando caer unas pequeñas cajas que traía en las manos. Edward no se detuvo a ayudarlo. El CEO siguió su colérico camino, pues ya no soportaba a Shirley junto con sus desplantes de diva. Entrando a su oficina, Edward colgó su saco en el perchero. Se sentó en su silla y estaba dispuesto a trabajar cuando algo en su

