La mañana siguiente Aitana y Rachell caminaron por el muelle muy temprano, regresando al crucero después de su viaje a Trieste. Cloe esperaría un poco más en el yate para regresar y que Jordi no le viera junto a Aitana. El sol comenzaba a ponerse, y la luz dorada bañaba el puerto en un resplandor cálido. De repente, tres hombres se acercaron a ellas con una actitud amenazante. Aitana notó las armas ocultas bajo sus camisetas blancas y sintió un escalofrío recorrer su espalda, no pudo no pensar en Jordi, parecían sus guardaespaldas. — ¿Qué quieren, Jordi les envió acaso? —Preguntó Aitana, tratando de mantener la calma, pero por dentro alarmada y molesta, estaba indignada realmente, Rachell solo observaba parecía analizar muy bien toda la situación y se le notaba

