Mientras tanto, en su camarote, Aitana observaba todo a través de su teléfono, que estaba conectado a la cámara oculta en la habitación de Cloe y Jordi. Bebía vino, sintiendo una mezcla de desesperación y soledad. Las lágrimas corrían por sus mejillas, mientras escuchaba la confesión de Jordi y veía a Cloe hacerle sexo oral a su esposo. — ¿Cómo llegamos a esto? Y pensar que creía conocerte. —Murmuró Aitana para sí misma, tomando otro sorbo de vino de su copa sintiéndose vacía por dentro. El dolor y la traición la abrumaban, pero sabía que no podía rendirse, no cuando estaba tan cerca, a pesar de los traidores que la rodeaban. Cloe estaba arriesgando todo para obtener la información que necesitaban, y Aitana debía mantenerse fuerte por sí misma y por todos los

