Maya Ayer Michael se quedó con nosotros mirando una película de dibujos animados después de las pizzas. Leo se quedó dormido a la mitad, con la cabeza apoyada en mi pecho, y yo terminé quedándome dormida con él, exhausta, con el corazón revuelto. Hoy le dejé un beso suave en la mejilla antes de levantarme. Me arreglé en silencio y salí temprano rumbo al trabajo, necesitaba ocupar la cabeza. Llegué antes que nadie, preparé el café de Gabriel exactamente como le gusta y dejé su agenda organizada al milímetro, reuniones, llamadas, documentos. Él llegó un poco más tarde de lo habitual. —Buenos días, Anne —dijo al entrar, aflojándose la corbata. No respondí, solo asentí con la cabeza. Tomó el café, le dio un sorbo y asintió conforme. —Ayer cené con los inversionistas —explicó, apoyándose

