No sé cuánto tiempo paso desde que he estado en las flores de afuera de la cabaña de Mavis esperando su regreso; tanto que he pensado en la diferencia de edades que hay en este mundo. Pueden ser tres mil personas, más de la mitad son jóvenes de mi edad y otros con más. Ningún niño he visto aquí mientras esa duda se instala en mi mente. La noche son diferentes que en el mundo de plata; las estrellas iluminando todo pareciera que es de mañana y no querer dormir. Pero cuando todo quedó desolado hizo que me diera cuenta que sí duermen y muy temprano. A lo lejos veo como Mavis viene corriendo hacia lugar haciendo que me levanté, al verme su expresión es asustada y entramos a su cabaña. El deja la chaqueta desaliñada que tenía dando vueltas en círculo mientras agarra su frente en busca de a

