Narra Elmer. Antes de irme a Santa Barbara, hago algunas paradas rápidas para enviarle un paquete a Catalina. He notado su dinosaurio de teléfono celular, y si tengo que estar lejos de ella por dos días, al menos quiero verla. *** Estoy en Santa Barbara. Es pasada la medianoche cuando le hago una videollamada al nuevo teléfono. Estoy casi preocupado de que no vaya a responder, pero luego lo hace, frotándose los ojos soñolienta. —¿No estás cansado?—me pregunta y luego bosteza. Escucho su cama chirriar mientras se mueve y luego una luz tenue ilumina su pequeña cama. La camiseta sin mangas blanca que tiene puesta es tan endeble que sus pezones rosados oscuros son visibles. Al darse cuenta de que estoy mirando sus tetas con los ojos, inclina el teléfono hacia su cara y sonrío cuando dos

