Amelia. Desperté en mi pequeño departamento, sintiendo una leve nostalgia que me envolvía. Me levanté lentamente y bajé a la cocina para preparar una taza de café. Mientras esperaba que la cafetera hiciera su magia, fui a regar mis plantas y a ponerle comida a mi mascota, un lindo hámster que me había regalado uno de mis alumnos de la Escuela de Música. Desde entonces, ha sido mi fiel compañero. Este departamento lo comparto con Carmen, una de mis mejores amigas. Vivir con ella ha sido una bendición, ya que antes solía vivir sola y la soledad a veces podía ser abrumadora. Carmen siempre sabe cómo animarme, y su compañía hace que los días sean más llevaderos. Con el café en mano, me senté en el pequeño balcón que daba a la calle. La mañana era tranquila y el sol empezaba a calentar la ci

