Capítulo 17

1142 Palabras
Soraya — Entonces. ¿Por qué decidiste trabajar de limpieza en mi cafetería? El mundo está dispuesto a darte varias oportunidades, mucho mejores que esa. Mucho mejor que lavar platos y limpiar baños. Me aguanto para no rodar los ojos. Diogo es encantador, un verdadero galán de novela. Está más de media hora intentando que deje este trabajo. No puedo entender lo que quiere. — Diogo, por tercera vez, no trabajaré contigo en tu bufete. Ser tu secretaria sería genial para mí, pero quiero empezar con el trabajo que yo misma conseguí, no porque tú me pusieras en el cargo. — ¿Por qué? - Arquea una ceja. — Daría lo mismo. — La gente ya piensa que sigo siendo la misma estafadora de antes. Si me ven junto a ti, trabajando a tu lado, entenderán claramente que miento cuando digo que quiero a mis hijos de vuelta. Obviamente, tampoco va a sonar bien para el juez estar en el mismo lugar que un hombre que una vez fue mi amante. — ¿Estás segura de que no quiere, por la custodia de tus hijos, o porque no quieres que tu exmarido nos vea juntos? Me humedezco los labios. — Él no tiene nada que ver. — Entonces me estás diciendo que no regresaste por él. Por lo que sé, es uno de los hombres más respetados de la región de México, obviamente está por debajo de mí, pero es uno de los más ricos. Me rasco ligeramente la frente. Sé que de alguna manera estás diciendo que soy una cazafortunas, una mujer que volvería con su exmarido por su situación financiera. Realmente Sebastián es millonario y eso me sorprendió, sin embargo, he visto que el dinero no trae felicidad, por el contrario, si no se utiliza bien puede traer muchas desgracias. — Ya te dije que regresé solo por mis hijos. Sube los hombros, desinteresado. — Sabes Soraya. Los días que pasamos juntos, fueron los mejores. - él pone su mano derecha sobre la mía. - Me gustaría mucho repetir lo que vivimos. Mirando nuestras manos unidas, pienso vagamente en las noches que tuvimos juntos. Fueron buenas, fueron intensas, pero ya pasó. Diogo es solo otro millonario que busca una mujer trofeo. Abruptamente, retiro mi mano. — Diogo, por tercera vez, no trabajaré contigo en tu firma de abogados. Ser tu secretaria sería genial para mí, pero quiero empezar con el trabajo que yo misma conseguí, no porque tú me pusieras en el cargo. Me levanto para volver a mi compromiso. Tengo que limpiar el baño. Ese lugar está podrido, y hoy es mi día para limpiarlo. — ¿De verdad estás soportando esto por tus hijos? — ¿No me crees? No responde. — Está bien, Soraya. - Se levanta. — Te dejaré trabajar en paz, solo con una condición. Quiero que me acompañes al baile de máscaras anual. Mi ex acompañante no tiene ninguna vacante, acompañará a un viejo rico. Me quedé solo, ¿puedes creerlo? — ¿Entonces quieres una prostituta para acompañarte y hacer qué más? — No quiero una prostituta. - Diogo inclina el tronco acercándose a mis labios. - Quiero a ti. Su voz ronca calienta algo dentro de mí. Mi nuca se estremece ligeramente, y con un breve balanceo de cabeza salgo de su torrente seducción. — Lo voy a pensar. // Me agazapo, dejando las rodillas al suelo. Paso el dorso de la mano por mí frente a fin de sacar un mechón de mi cabello que insiste en bajar. El insoportable olor del inodoro entra en mi nariz, haciendo que mi estómago se retuerza de dolor. Nunca imaginé en toda mi vida que pudiera humillarme tanto. Siempre he anhelado salir de esa granja, librarme de la pobreza, y de todo lo malo que venía de ella. Aquí estoy. Nada de lo que hice sirvió. Suelto un soplo de aire. Obviamente odio la pobreza. Si fuera a elegir, no estaría aquí. Lo quieras o no, viajar, conocer lugares, es mucho mejor que limpiar baños. De todos modos, tengo que hacer esto para conseguir la custodia de mis hijos, y por ellos lucharé hasta el final. Mientras fregaba el jarrón, quitando esa costra asquerosa que habita dentro de él, pienso en la propuesta de Diogo Valadares. Nunca pensé que un día podría estar en el baile de verano. Esta fiesta es solo para la alta sociedad, gente que ha tenido éxito en la vida, y estoy seguro de que Sebastián también estará allí. Diogo es un hombre bellísimo. Auto, musculoso, con la piel quemada del sol. Sus cabellos son negros, siempre bien alineados, peinados hacia atrás. Es un pecado de hombre, pena que no vale mucho como los otros de la alta clase. Balanceo la cabeza. Sigo trabajando. Aprovecho para limpiar alrededor frotando la pared y la puerta del baño. Cuando estaba a punto de terminar, a punto de salir, oí voces familiares entrar al lugar. — Trabajando en el área de la limpieza. - oigo una carcajada estridente. Abro los ojos. Geane está aquí. — Nunca pensé que Soraya pudiera aceptar tal humillación. Es bien hecho para ella. Buscó tanto que encontró su lugar. En la basura. Ella ríe de nuevo, y esta vez escucho otra carcajada. No es solo la voz de mi ex suegra, pero otra persona está con ella. — Ni me digas. La noticia se ha extendido por toda la ciudad. Todos hablan de Soraya, y su papel ridículo de madre arrepentida. Ella cree que engaña a la gente, pobrecita, todos están conscientes de su fingimiento. — Si ella está pensando que va a conseguir algo con ese teatro, está equivocada. Sebastián sabe muy bien el tipo de serpiente con quien se había casado. Nunca la dejaría acercarse a los niños, y aunque lo hiciera, a mis nietos no les importaría. Me empeñé en hablar mal de una mujer que nunca podría gustarles. ¿Adivina a quién me refería? — Ah, Geane, daría cualquier cosa por verla limpiar el suelo desde donde piso. Sabes que no soy una mala persona, pero no puedo no enfadarme con ella. Ella ha causado mucho daño a mis hijos. Tal vez ella tiene que conocerlos, pero siempre voy a dejar muy claro qué tipo de mujer es. Un dolor invade mi pecho. Escucharla decir "mis hijos" fue Cómo clavar un cuchillo en mi corazón. ¡Son mis hijos! Lo que me atormenta es si, para ellos, esa mujer es la verdadera madre, o no. Por un momento, siento que voy a desmayarme. Coloco la mano derecha sobre la puerta, por desgracia mi peso hace que se abra, haciéndome desequilibrar y caer al suelo. De rodillas, miro a las dos mujeres frente a mí. Geane, y a la tal Diana, la mujer que se dice madre de los niños. Me lo trago en seco.
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