—¿Y bien? —insistió por décima vez mientras yo volvía a refrescar la página. Mis hombros cayeron, con un nudo ciego apretado en mi estómago. Sentía vértigo y náuseas. No había sido capaz de probar ningún bocado durante el desayuno por los nervios. —Todavía no aparece nada. —Está bien, estarás bien —dijo Cam, poniendo sus manos sobre mis hombros y besando mi coronilla. Aunque no sabía si me lo decía a mí o se lo decía a sí mismo. Respiré profundo y eché mi cabeza hacia atrás, mirándolo desde abajo y hablé afligida. —¿Y si vamos a hacer otra cosa por mientras? Cam me sonrió amable y tocó la punta de mi nariz con su índice en un movimiento rápido y suave. —No huyas, Jayde. Tarde o temprano tendrás que ver los resultados, y créeme que es mejor que los veas ahora en vez de estar el resto
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


