No quería ver a Cam. Sentía demasiada vergüenza como para presentarme como si nada y demasiado orgullo como para disculparme fácilmente. Mi única opción por hoy era faltar y así tener un poco más de tiempo para pensar qué hacer. Necesitaba calmarme, encontrar alguna respuesta dentro de mi caos mental. Cerré mi libreta y acomodé la mochila sobre mis piernas, arreglando todo para irme lo antes posible. Guardé en el bolsillo de mi chaqueta las llaves de mi auto y revisé una última vez la pantalla de mi celular antes de dejar el salón definitivamente. —Hola, Jayde —dijeron de pronto, cortándome el paso. Sentí una ráfaga fugaz de pánico recorrer mi cuerpo hasta asegurarme de que aquella voz no podía ser la de Cam. En cambio, me llené de fastidio. —Hola, Jake —respondí aburrida, aunque inte

