—La Revolución Francesa, a diferencia de lo que muchos dicen, en realidad fracasó —comenzó el profesor York, terminando de escribir la fecha del suceso en una esquina del pizarrón—. A pesar de tener como emblema la igualdad, la fraternidad y la libertad, lo que de verdad impulsó esta ideología fue la molestia de la alta burguesía ante su nulo papel político, a pesar de los altos impuestos que pagaba. El hambre fue un recurso para tener al bajo pueblo de su lado, y en un principio funcionó, pero después de guillotinar al Rey, el Tercer Estado se mantuvo exactamente igual y la anterior alianza se volcó en su contra. La ansiada libertad se convirtió en terror y la desigualdad siguió siendo feroz. Lo sigue siendo, en todos lados. —Destapó un plumón y nos miró a todos antes de volver a taparlo—

