Maison —Rebeca, ¿dónde estás? ¡No te alejes! —Maison. —Su voz suena hueca y lejana. —Rebeca, aquí estoy… —No te veo, Maison. —Dame tu mano, Rebeca. Estoy aquí. Veo su silueta a lo lejos, un vestido blanco la cubre hasta los pies. Trato de alcanzarla, pero cada vez que lo intento se aleja más. —Te amo, Maison. —Resuena en el vacío y se repite como un eco. —¡Rebeca! —grito con todas mis fuerzas. Extiendo las manos para alcanzarla, pero es inútil, ella se desvanece. —¡No! —grito más fuerte. Abro los ojos y miro alrededor, me encuentro empapado en sudor, mi pecho sube y baja velozmente; estoy tan agitado que se me dificulta respirar. Estaba soñando, pero no recuerdo qué, me ha pasado muchas veces y, por mucho que trato de recordar, no puedo. Mi apartamento luce vacío

