NARRA DAVID —¡Abi! ¡Mamá llegó! —grita mi pequeño Zade de 4 años mientras mira por la ventana. Mi pequeña se había residido y estaba ejerciendo su carrera como pediatra. Ya tenía un año ejerciendo, sus turnos eran cansados y muchas veces su estabilidad emocional era una montaña rusa debido a los casos de ciertos pacientes. —¡Mami! —gritó mi pulga Abi. Era como ver a su madre con su larga y lacia cabellera. Yo no dejé mi lugar como halcón, ahora solo me encargaba de hacer la logística de muchas misiones. Quería dejar todo esto atrás por mis hijos, pero mi pequeña me dijo que esto era parte de mí y que yo no sería feliz si dejaba de hacer algo que me gustaba tanto. No se equivocó en decirme eso, pues ambos teníamos un equilibrio en nuestras profesiones. La puerta se abre dejando ver a mi

