Durante el camino, Leonardo dedicó miradas fugaces a Nina, pero ella no sabía cómo corresponder a eso. Pues por otra parte, Román los observaba por el retrovisor con la ligera sospecha de que algo entre ellos había pasado, y le inquietaba perder terreno tras haber ganado un tanto por ciento sin haber tenido que esforzarse mucho. Al llegar, Nina abrió la puerta de la residencia cediéndole el paso a Román quien llevaba sus brazos ocupados con Shaina. Al caminar hacia las escaleras, se toparon con Fermín en las mismas. —Pero, ¿qué sucedió?... ¿Ella está bien? —preguntó un tanto preocupado. —Sí, Fermín. Tranquilo, solo se le pasaron las copas —aseguró Nina. —¿Está segura? —Sí. La dejaré en mi habitación. —De acuerdo, adelante. —Por cierto, ¿le preparas una habitación a Leonardo? —Sí

